Qué atrae a las mujeres de los hombres, según la ciencia.

"Las caras de los hombres que resultaban más atractivas eran las que creaban más sensación de peligrosidad". Esta es la conclusión a la que llegó un reciente experimento que ha salido a la luz en Dirty Minds: How Our Brains Influence Love, Sex and Relationships (Free Press) de Kayt Sukel. "Provocaban más actividad en varias áreas cerebrales", enumera la autora, "como el giro cingulado, el lóbulo parietal inferior o el giro temporal superior". Es decir, aquellas zonas relacionadas con la sensación de miedo, amenaza o riesgo. "Nuestros resultados sugieren que el procesamiento de caras, de forma consciente o no, provoca que este tipo de caras masculinas se perciban no sólo como más peligrosas, sino también como más atractivas", señalaba dicha investigación.

Cada vez más estudios sobre el atractivo humano recalcan la importancia de lo puramente biológico por encima de lo cultural y estético, que tradicionalmente parecían haber sido los factores determinantes a la hora de considerar la belleza de una persona. Lo cual quiere decir que existen determinadas señales que los seres humanos interpretamos como atractivas de manera universal, independientemente de la educación o cultura, y que nos llevan a decidir en apenas 13 milisegundos si una persona nos gusta o no.

Lo bello no es simétrico

Una de las nociones que parece compartir toda la humanidad sobre la belleza, destacan todos los estudios, es el atractivo que produce la simetría. Según señalan los estudios clásicos de Randy Thornhill y Steven Gangestad, las personas más regulares en este sentido son sexualmente activas a una edad más temprana y, por lo general, tienen más sexo a lo largo de su vida. Con una salvedad: la simetría absolutamente perfecta –como ocurre por ejemplo en los casos de duplicación informática– resulta menos atractiva, incluso desagradable. Sin embargo, no todo lo que consideramos bello atiende a los cánones de belleza tradicionales de proporción y armonía. Los guapos, guapos de verdad, son los que tienen una belleza más personal.

Según un estudio muy referido escrito por Thomas R. Alley y Michael R. Cuningham para Psychological Science, las caras más atractivas no eran las más normales y proporcionadas, tal y como se consideraba hasta el momento. Con ello se referían a que, para un gran porcentaje de la población femenina, los rostros con rasgos pronunciados suelen ser los más atrayentes. "Hay buenas razones teóricas y prácticas para pensar que las caras más atractivas son las más atípicas".

Hay que establecer contacto visual antes que físicoPor lo general, investigaciones como la señalada en el libro de Kayt Sukel suelen sugerir que lo que hace atractiva la cara de un hombre es su masculinidad, y la de una mujer, su feminidad. Esto ha sido así hasta que unos investigadores de la Universidad de Nueva Zelanda y Australia se toparon con la idea opuesta: que las caras masculinas que tienen un cierto nivel de feminidad son más atractivas que las que no. "Los rasgos exageradamente femeninos son atractivos en las mujeres, pero también en los hombres", se leía en el estudio, llamado ¿Son las caras supermasculinas y superfemeninas superactractivas?. "Además, las caras más femeninas se perciben como más jóvenes", señalaban al mismo tiempo que recuperaban las ideas expuestas por I.S. Penton-Voak en El ciclo menstrual altera las preferencias de las mujeres, que sugería que "las hembras podrían buscar optimizar el éxito de la reproducción formando relaciones a largo plazo con hombres con caras femeninas, puesto que ello indica que serán buenos padres.Y persiguen relaciones a corto plazo junto a varones con caras masculinas, que señalan que su genética es mejor".

Un movimiento sexy

No todas las preferencias de las mujeres se encuentran centradas en el rostro, obviamente. La forma que tiene el varón de moverse y todas las señales extraverbales que emite son decisivas para ser vistos como atractivos por las mujeres. En Captando la mirada del sexo femenino: Patrones y consecuencias del comportamiento no verbal masculino en contextos de cortejo, Lee Ann Renninger, T. Joel Wade y Karl Grammer acudieron a un pub cercano y observaron con detenimiento el comportamiento de las mujeres en el local respecto a los diferentes perfiles de machos. Y llegaron a la conclusión de que los hombres que más éxito tenían eran aquellos que buscaban mediante sus movimientos enviar señales de acercamiento a las mujeres del local.

¿De qué manera? En primer lugar, tocando. Según el estudio, aquellas personas que solían llevar la iniciativa en el contacto físico parecían pertenecer a un estatus social más alto y gozaban de mayor poder social que aquellos que permanecían pasivos o rechazaban cualquier tipo de roce. No se trata únicamente de algo exclusivamente aplicable hacia el otro sexo, sino que también aquellos que abrazaban a otros hombres parecían tener más éxito entre las féminas.

El hombre se pone nervioso en presencia de compañeros dominantesAl mismo tiempo, los que más espacio abarcaban a través de sus movimientos demostraban que su influencia social era mayor. Por ejemplo, gesticulando con los brazos o apoyándose en una mesa. La razón es puramente biológica: se trata de una forma de demostrar que todo ese territorio que estás ocupando es tuyo. En ese mismo sentido, las posturas corporales abiertas resultan más atractivas que las cerradas. Es decir, resulta más bello extender tus miembros sobre el apoyabrazos de la silla que mantenerlos cruzados sobre el pecho, una postura que sugiere pasividad, inseguridad e incluso miedo. También mantener las palmas de las manos vueltas hacia arriba es interpretado como un signo de disposición.

Establecer contacto

Las mujeres del estudio manifestaron sentirse inquietas cuando un hombre se les acercaba sin haber establecido contacto visual previo. Es el primer paso en todo cortejo entre hombres y mujeres, imprescindible y necesario. Si no se produce, aunque sea de manera no buscada, es altamente probable que el hombre, aunque cumpla el resto de cualidades, sea rechazado por el sexo femenino.

También las llamadas "automanipulaciones" (es decir, rascarse, frotarse las manos, sacudirse la ropa) son consideradas como una señal negativa, puesto que constituyen una manera nerviosa y sin significado de llamar la atención del sexo opuesto. "Nos hemos dado cuenta de que este tipo de acciones aumentan un 40% cuando un hombre se encuentra en presencia de un compañero dominante, al revés de lo que ocurre cuando uno se siente rodeado de subordinados". En ese contexto, se transforma en una forma desesperada de llamar la atención del entorno. "En los humanos, una excesiva automanipulación suele ser interpretada como una forma de ansiedad social o bajo poder social, y por lo tanto, rebaja nuestro nivel ante los ojos de las mujeres".