25Octubre2014

Del piropo al acoso callejero

Las frases elocuentes, que se utilizaban para captar la atención de una señorita, y elogiar algún atributo personal, se han convertido en intimidación verbal en la vía pública. Entrevistamos a distintas agrupaciones femeninas que apuntan a visibilizar la problemática.

Piropear, tirar flores, alagar: una práctica tan antigua como la propia seducción. Puede generar vergüenza, incomodidad, sonrojamiento; pero un cumplido en todas las de la ley suele no ofender. Aunque ya lo dijo Alberto Salcedo Ramos, en Elogio del piropo: "Tienes razón cuando protestas contra los patanes que te enciman con lujuria y te dicen palabrotas obscenas". Y ahí está el nudo del asunto, porque no es lo mismo un piropo callejero que el acoso verbal en la vía pública.

Como son las mujeres quienes de modo más frecuente se ven expuestas a este tipo de situaciones, hay un video que plantea una escena cotidiana de manera invertida. Un joven sale de su casa, y camino a la parada del colectivo se cruza con mujeres que le dicen piropos que con el tiempo se convierten en acoso; mensajes que al transeúnte no le sientan nada bien.

El mismo objetivo persiguen desde ¡Atrévete! o Hollback: visibilizar el nivel de acoso al que se ven expuestas las mujeres al caminar por la calle.

"El acoso en la calle es una de las formas más generalizadas de la violencia de género. Pero es culturalmente aceptado como "el precio que debemos pagar" por ser mujer o por ser gay. En ¡Atrévete!, No lo aceptamos", aseguran desde su página web.

Receptoras pasivas de guarangadas

Cuando una mujer va caminando por la calle, y un hombre de manera obscena la intimida, se siente como "un recipiente forzado de opiniones y evaluaciones ajenas que no quiere escuchar, ni tampoco le interesan", aseguran desde ¡Atrévete!. Y así es.

En el movimiento participan mujeres de todas las edades, pero entre los 20 y los 35 el activismo es más notorio. ¿Cuál es su estrategia de trabajo? Promueven la contra respuesta ante la intimidación, siempre y cuando la seguridad de la acosada esté garantizada.

"Apostamos siempre a la contestación conscientizadora, del tipo "No quiero tu piropo, quiero tu respeto" "¿A vos te gustaría que alguien le hable así a tu hermana/madre/novia/hija?" También incentivamos la intervención de terceros", detallaron a INFOnews desde la agrupación, y para ello llevan adelante una campaña denominada Punto Verde que ayuda a activar a la persona que ve un acoso para ayudar a la víctima o persuadir a quien lo está ejecutando.

En el movimiento consideran que a través de la confrontación a los acosadores "ya se provoca un quiebre de la costumbre: algo que antes se veía como inofensivo y hasta querido, pasa a ser algo rechazado y violento. Hay que tener en cuenta que muchos hombres lo hacen a sabiendas de que incomodan a la mujer, pero muchos otros realmente piensan que es algo lindo, que le están alegrando al día a la elegida".

"El sitio de !Atrévete! funciona como un punto intermedio entre lo legal -la denuncia ante la policía, cosa que todavía no da resultado, por que no hay sanciones- y callarse o quedarse sin hacer nada", explicaron a este medio.

Los efectos

Aunque las propias organizadoras del movimiento en Buenos Aires entienden que "no todos los actos de acoso callejero se dicen para agredir o intimidar, sino que muchos pretenden ser halagadores", hay quienes toman con gracia su trabajo porque lo consideran extremista o exagerado.

Pero, en verdad "el acoso en la vía pública despoja de cualquier sentido de seguridad a la mujer; que es tratada como un objeto sexual disfrutable, opinable y comentable por cualquier hombre. Es un recordatorio de que ella no debe considerarse como una igual, ni participar libremente en la esfera pública", interpretan desde ¡Atrévete!

Algunos testimonios

"El acoso que más miedo me dio, fue el pronunciado por el encargado de un edificio, que siempre estaba en la puerta. Cuando yo pasa a se acercaba y me decía "hola mi amor" en un tono desagradable. Dejé de pasar por esa cuadra, tenía que tomar caminos alternativos", relata María en la sección "Tu denuncia", que Hollback tiene en su página web.

En tanto, Marina recordó cómo una tarde, cuando volvía de hacer las compras por el barrio, se cruzó con un hombre que conducía un auto y se detuvo a su lado para llamarla. Como ella no respondió, el sujeto comenzó a pronunciar una serie de guarangadas de las más obscenas. Y en vez de sentir miedo o vergüenza, Marina sintió ira.

"Me paré, le sonreí y le dije: ¿Sabes qué? ¡Sos patético! Y empecé a gritarle, rajá de acá porque tengo tu patente y voy a averiguar quién sos. Si vuelvo a verte por el barrio voy a armarte un quilombo bárbaro, degenerado. Nunca me imaginé la cara de terror que iba a poner", relató Marina.

La posición de las putas

La igualdad de género dejó de ser asunto de preocupación exclusivo de ciertos colectivos. Luego de años de militancia, y gracias al trabajo de esas agrupaciones, el tema se ha instalado en la agenda política y mediática; y desde allí a la sociedad.

La Marcha de las Putas es una de las tantas expresiones que se han sumado a la causa, y que busca construir una sociedad de respeto en la cual la palabra puta sea sinónimo de mujer libre, en lugar de ser una justificación para la violencia ejercida hacia la mujer.

Al ser consultadas sobre la cuestión de los piropos y el acoso callejero, una de sus integrantes aseguró que tratan de "no culpabilizar a la víctima. Como parecía una puta se le puede hacer cualquier cosa", es el argumento para intimidarlas o agredirlas.

Como la Marcha de las Putas trabaja en contra de la violencia a las mujeres y a favor de la igualdad, entienden que "el acoso verbal es apenas la punta del Iceberg de un tipo de violencia muy sutil, muy enmascarado y que no nos cuestionamos precisamente porque creemos que es normal". Pero para poner frente a los ojos de todos la anormalidad del acoso en la vía pública es que se difundió el video "Pará. Hombre caminando por la calle"; y se formó la agrupación ¡Atrévete! Ahora, se necesita tiempo y voluntad para cambiar una práctica que nos afecta a todos por igual.