Para ver la belleza es preciso cerrar los ojos.

Amarse. Algo que parece tan fácil, pero, en ocasiones, puede resultar ser toda una tortura. La sociedad en la que vivimos alaba" la belleza" y la transforma en la fórmula para ser exitoso, y con belleza me refiero a tener un cuerpo "perfecto (creado en su mayoría por el bisturí), eso es lo que la sociedad nos empuja a creer que es belleza.

Por: Mariani Sierra Villenueva

Calificamos a la gente de gorda, bajito, alto, flaco, los encasillamos bajo los estereotipos, esos que nos envenenan, hemos obviado que nuestra carta de presentación no es nuestro caparazón, sí, ese que tenemos por "default", ese que traíamos de fábrica... Cuando íbamos a nacer no nos preguntaron: "¿prefieres los ojos rasgados, azules, negros?, ¿su cabellera, rizada, lacia, corta o larga?, "¿y prefieres tener libras de más, o ser muy flaco?".

Para amarse, hay que aceptarse... si, ya sé es difícil, porque todo a nuestro al rededor está lleno de máscaras que forzan a las personas a aparentar, y a tratar de agradar a los demás. La publicidad desenfrenada de esas mujeres y hombres "perfectos", hace que el cliché de "lo de adentro es lo que cuenta", se convierta en un mito. Pero, lo cierto es que la esencia del ser humano es su mejor atributo. No importa cómo seas, si estás dentro de los parámetros de belleza, o no, tú valor, lo que llevas dentro de ti, no lo define una báscula, un espejo, otras personas, la sociedad, ni siquiera una revista, ni un famoso artista.

Tu personalidad, única, lo que te gusta y lo que no, lo que te apasiona, tus experiencias, eso nadie puede quitártelo, por lo tanto es lo más valioso que posees. Además a la gente se le olvida un principio básico para ver la verdadera belleza es preciso cerrar los ojos.